“Por casualidad, como las mejores cosas ocurren te has
convertido en mi mejor amigo, en mi
amor.”
Por casualidad he leído esa frase que tanto sentimiento
cargaba en su momento. Por casualidad, sin fechas, ni horarios, ni llamadas
perdidas, ni mensajes sin contestar. Esta vez pasó así sin más que me acordé
de ti. Me acordé de ti y de la cerveza que me estaba bebiendo antes de que
llegaras.
No habíamos planeado salir hasta el viernes, pero como
siempre nos pudo la impaciencia y aun siendo miércoles fuimos al bar “Basket
Bar” del que todos hablaban antes, después e incluso entre clase y clase. El bar
a decir verdad cumplía todas las expectativas, tanto las buenas como las malas.
Por una parte era grande, y había mucha gente, es decir, todos los de clase y más. Además la cerveza era grande rica y por supuesto barata! No era
de los mejores bares de la zona ni de lejos, pero quien necesita lámparas de
araña, copas de cristal y alfombras rojas cuando tienes a tus amigos, buena música
de fondo y un vaso enorme de cerveza. Y así empezó, tal como acabó, pero para
eso aun falta.
Cuando llegué enseguida me hablaron de ti, sin yo haber
dicho todavía ni mu. Me dijeron que no estabas, te habías ido pero que no me
preocupara que volverías. Vale vale, dije yo acompañada de una risita incómoda.
Que no me preocupara por qué?
Entre cervezas y risas llegó la hora de irse. Nunca
he dependido de imposición dehorarios para volverme a casa que no sean de mi madre. Suena a
excusa pero es una de las razones por las que siempre perdía el último bus y
por consiguiente el último tren que me llevaba a casa. Pero esa noche no tenía
intención de retrasarme. Asique a la hora oportuna nos disponíamos a irnos,
apurando lo que quedaba de cerveza, chaqueta y bolso en mano nos dirigimos
hacia la puerta y apareció.
La sonrisa que se le dibujó en el rostro y la cara de pena
que puso cuando se enteró de que ya nos íbamos aún la recuerdo como si hubiera
pasado hace un momento. Sí, nos íbamos, habíamos ido, por fin, al famoso bar, habíamos
bebido y ya era hora de a casa en tren durante una hora.
Cuando a las seis de la mañana estaba con mi amiga en la
parada del tren aun riéndonos de cómo había transcurrido la noche todavía no me
podía creer que no me haya ido del bar la noche anterior. Efectivamente, me
quedé. Bueno, en realidad nos quedamos todos. Parece ser que es
de mala educación rechazar una cerveza.
El caso es que me invitó a una cerveza. Y a dos. Y a tres. De
ahí el dijo que se iba a casa a dormir. Y claro, tú me has liado a mi primero,
ahora me toca a mí. Convencí a unas cuantas para irnos a la discoteca en condiciones por decirlo de
alguna manera. Y se vino. Claro que se vino, él y sus amigos, yo y mis amigas.
Allí se nos fue de las manos. En todos los sentidos. Más cerveza,
la más rica que he probado jamás, mezclada con sus labios. Bebimos,
fumamos, reímos, nos mojamos bajo la lluvia, me caí, había moratones que lo
demostraban. Echábamos más fuego que la hoguera más grande que os podáis
imaginar y eso que repito: estábamos bajo la lluvia.
Al día siguiente después de contárselo a mi amiga me dice:
bueno y en qué quedasteis? Y yo con mi
risita nerviosa dije que en nada, que no habíamos dicho nada, que ni teníamos
fotos juntos, ni yo su número, que si tuviera una laguna de esas que te ponen
en duda hasta si saliste de casa la noche anterior, podría pasar como que no
pasó nada. Entonces fue algo de una noche y ya, verdad? Pues no había acabado
de decirle clar.. que me llega un mensaje al móvil: con su NOMBRE (por lo que
al final yo tenía las dos cosas, su móvil y la laguna tamaño cañon) no me
acuerdo que ponía exactamente, lo borré hace mucho, pero era algo así como:
Hey, how
are u? what are you gonna do tonight?
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